Hoy es el Día Internacional del orgasmo femenino. Se trata de un día complejo, con su lado positivo porque visibiliza y reconoce una parte del placer de las mujeres, pero con su lado negativo porque nos puede llevar a una trampa sin salida: situarlo de nuevo en el centro de nuestra sexualidad o pensar que el orgasmo es igual al placer.

Aún así, celebremos este día, o mejor aún celebremos “EL PLACER”. Aunque para ello, antes comentemos un poco sobre el gran Oh, la petite mort, éxtasis (¿como el de Santa Teresa?), clímax, correrse o del orgasmo.

Buscar en internet la palabra orgasmo es encontrarte un compendio de teorías nada científicas en revistas o portales dirigidos a “mujeres” (lo que tenemos que aguantar) que nos lían aún más y fomentan toda una gama de ideas erróneas sobre el mismo. Peor aún los diccionarios, que debieran ser grandes instrumentos de conocimiento donde consultar y ampliar los conocimientos, pero que sin embargo, se convierten en malas herramientas para el desarrollo de una sexualidad plena y saludable. Por ejemplo, la RAE, esa institución patriarcal que nos llena nuestro imaginario colectivo con ese reduccionismo habitual, nos dice que el orgasmo es la “culminación del placer sexual”.

El orgasmo es una respuesta fisiológica que en ocasiones aparece (y en otras no) durante las prácticas eróticas (sueños y fantasías incluidas), como descarga de tensión sexual acumulada, nada más y nada menos. Esta descarga lleva una vivencia subjetiva del mismo, una manera de sentirlo que es tan personal que no ha una manera de vivirlo. El orgasmo es un soltar la tensión, con lo cual para entenderlo también hay que plantearse cómo es mi capacidad de acumular tensión y/o permitirme soltarla.

Pero, ¿qué vemos nosotras en los talleres o en las sesiones de asesoramiento y terapia? Pues que en torno al orgasmo sigue existiendo mucho mitos.

No es necesariamente el fin, el objetivo, de las prácticas eróticas, como si fuera una meta que alcanzar.

No hace necesariamente el final, el punto que culmina algo. Tras darse un orgasmo se pueden hacer infinidad de cosas que son erótica.

No son vaginales, ni tampoco clitorianos, son de quien los siente. El cerebro no diferencia (no lo considera importante, vaya) si el orgasmo fue por una estimulación y otra, si había personas o ese cuerpo estaba sólo disfrutando de unas caricias.

No conlleva eyaculación, son procesos diferentes. Eyaculación y orgasmo son procesos diferentes que pueden darse a la vez, pero no significa que sean lo mismo o que deban darse sucesivamente.

No siempre traen placer en sí mismos. Al tratarse de contracciones en algunos cuerpos pueden resultar doloroso o molestos. Tampoco son todos de altas intensidades, así que no esperes que todo sea un película en tu vida.

No es el buscador de google, cuanto más los busques, menos los vas a encontrar.

No se pueden conseguir como quien consigue premios.

El orgasmo simplemente sobreviene.

Así que mejor, qué tal si celebramos el placer. Dejemos a un lado los orgasmos como imperativo y celebremos la amplia gama de placeres que se ponen en juego en la erótica. Porque el placer:

Es diferente al orgasmo. Se trata de una experiencia subjetiva que depende de muchos factores: el deseo, la persona con la que se está (si se está), la situación, el momento vital en el que se esté y un largo etcétera.

Puede venir o no de los genitales. Todo el cuerpo es sensitivo y puede ser placentero.

Puede venir también de las experiencias, de los momentos compartidos, de las risas, de los afectos.

Escuchar, atender y cuidar puede y debiera ser placentero.

En definitiva, hoy queremos celebrar la diversidad del placer, sin normas, sin exigencias, sin expectativas. Comencemos a disfrutar de la riqueza de la amplia gama que supone el placer.

Que tengáis un domingo placentero

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