Entrevista que nos hizo con mucho cariño Maime Mujer en octubre de 2018.

Me inquieta la construcción de los roles de género en nuestras niñas, niños y niñes. Me inquieta qué pasa por sus cabezas cuando les hablan de sexualidad, cuerpo, coito, deseo, género, etcétera. Me inquietan los modelos patriarcales que la sociedad, las instituciones educativas, los medios de comunicación, internet, y discursos sociales formales e informales reproducen como legítimos y como ideales a ser alcanzados.

​Con mis inquietudes dando vueltas, me fui a charlar con una vecina, psicóloga especializada en terapia sexual, integrante de la cooperativa “Desmontando a la Pili”, de Zaragoza: Lurdes Orellana. Nos sentamos en el portal de la tienda para charlar como hablan dos vecinas sobre los acontecimientos recientes del barrio, sólo que en nuestra charla asomaron temas como la educación sexual feminista, el maltrato, la relación con el cuerpo, y la manera en que les jóvenes entienden la sexualidad, el “quererse bien” y el autoconocimiento como puesta en valor de sí misme.

​Las vecinas y los vecinos pasan delante nuestro y nos miran. Las dos sentadas muy naturalmente en el portal de una tienda de productos eróticos como si fuera el portal de casa. Alguien pasa y nos llama “hippies”. Nos echamos unas risas. Nadie pudo desconcentrarnos lo suficiente como para perder el hilo de los temas que iban desencadenándose uno tras otro. Cuando hay pasión en lo que se hace, se percibe. Se nota en las palabras elegidas, en el lenguaje corporal y en la capacidad de querer compartir lo experimentado desde el cariño. Desde su sencillez, Lurdes compartió su saber profundo sobre la necesidad de que las mujeres volvamos a conectar con nuestro cuerpo para ser dueñas de nuestro deseo. Una mirada mucho más amplia sobre la sexualidad como una invitación a deconstruirnos para emerger libres de poder ser como queramos.

“El feminismo que a nosotras nos gusta viene de ese espacio donde todas existimos, donde nos encontramos, compartimos, y nos cuidamos.”

MAIME: Lurdes, cómo describirías la educación sexual que hay en los colegios actualmente

Lurdes: Insuficiente, binarista, sexista, patriarcal y capitalista. Centrada en lo genital, el orgasmo, hetero, productiva y cuantitavia. La educación que se hace es escasa y no integral ni relacional, poco entendida desde la promoción de la salud y desde la alegría. La educación sexual debe ser transmitida como una herramienta de agenciamiento* y de salud. Tan importante para nuestro desarrollo evolutivo que tendría que haber asignaturas de lo afectivo y lo emocional. Actualmente no hay una educación en autoconocimiento, basada en la introspección, en lo emocional y de trabajo de las relaciones horizontales y de cuidados. Y todo eso tendría que estar desde infantil. Hacer una educación sexual feminista y comunitaria al fin y al cabo. 

MAIME: ¿cómo concibes la sexualidad?

Lurdes: La sexualidad es la vivencia del propio cuerpo de un modo muy amplio y global. Es nuestra manera de construirnos, de sentir, de expresarnos, de entender nuestros deseos y placeres, la manera de vivir nuestro cuerpo. La sexualidad es un termómetro afectivo y sensitivo, nuestra singularidad y nuestra manera de relacionarnos. Es una construcción, por tanto, está atravesada por lo cultural. Hay que cuestionar muchas cosas para así desarrollarnos desde la autonomía y encontrar nuestro bienestar. Ahora es un momento muy potente para ello, porque hay una visibilidad muy grande del feminismo. Aún así es un proceso lento de transformación social. La sexualidad se transmite cuando nos permitimos la escucha al cuerpo al parar, mirarlo, sentirlo, disfrutarlo y cuidarlo sin más patrón que lo que él nos quiera marcar en cada momento, reconociéndolo desde su fluidez y en la aceptación de los cambios. Siendo conscientes de que estamos bajo una cultura que fomenta el olvido de una misma, que pone en el centro el consumo y lo productivo, prioriza lo individualista, lo joven, lo explosivo, etc. y esto es lo opuesto a la sexualidad. Es básico entender que gran parte de nuestra manera de vivir el sexo está influenciada por la construcción de los géneros. Es necesario desmontar para poner en el centro el cuerpo, conectar y permitir los estímulos y los deseos, valorar los cuidados y la diversidad.

MAIME: ¿Qué conflictos o dificultades encontráis en el trabajo con adoelscentes?

Lurdes: Tanto en los talleres que impartimos como en las asesorías gratuitas que coordinamos en el Cipaj (Centro de información y asesoramiento juvenil del Ayuntamiento de Zaragoza) y en la Universidad, observamos mucha desconexión de quien es tu verdadero compañero: el cuerpo, y una alta exposición al riesgo en las relaciones. Se dan relaciones que no son de buen trato ni de cuidado y disfrute, sino desde imperativos y sufrimientos. Se da una ambivalencia constante: ese dejarse en un segundo plano y estar más en el otro cuerpo que en el nuestro, y a la vez, una exigencia de una determinada manera de entender la sexualidad y las relaciones que no tiene por qué ser la nuestra. Con lo cual, además de generar sufrimiento se da mucha frustración. Y la sexualidad es lo opuesto al sufrir, es placer, aunque en algunos momentos haya malestares y duelos, hablar de sexualidad es hablar de amor y alegría, con una misma y con las/os demás. Es necesario reconectarnos, romper esa disociación que ha sido interiorizada desde esa cultura que decíamos antes.

MAIME:  ¿Qué aspectos se destacan en el desarrollo de la sexualidad en adolescentes?

Lurdes: Seguimos sintiendo como el machismo sigue atravesando al desarrollo sexual. Cada situación de violencia se nos cae el alma al suelo. Desde los mal llamados “micromachismos” (actitudes machistas más o menos sutiles, pero nada de micro) hasta las violaciones y agresiones sexuales o asesinatos. También están las abundantes relaciones tóxicas nombradas como amor. Actitudes que hay que trabajar desde muy temprana edad y que las personas adultas se tienen que revisar para no seguir transmitiendo una sexualidad rígida y excluyente que genera sufrimiento y malestares.

Pero a pesar de todo esto, es precioso ver que las personas estamos abiertas a construir relaciones desde el autocuidado y el cuidado mutuo, horizontales, habitables y placenteras, aunque nos falten herramientas para alcanzarlas. Las personas deseamos cambiar las cosas, sólo tenemos que tener espacios para sentirlo y herramientas para gestionarlo. Y de hecho las/os adolescentes nos dan grandes lecciones de apertura y transformación.

«Es precioso ver que las personas estamos abiertas a construir relaciones desde el autocuidado y el cuidado mutuo, horizontales, habitables y placenteras, aunque nos falten herramientas para alcanzarlas.» 

MAIME: ¿Cuál es vuestra propuesta para les jóvenes desde Desmontando a las Pili?

Lurdes: Nosotras decimos que nuestra propuesta es feminista y comunitaria. Intentamos que sean positivas, constructivas, introspectivas y reflexivas. Nos gusta cuidar el discurso como instrumento de encuentro y de cambio. Parten de la diversidad, del bien querer, de entender los afectos como revolucionarios, de poner los cuidados y el placer en el centro, de generar espacios de seguridad lo más horizontales posibles para que sean habitables para todas y permitan la transformación.

Por ejemplo, si preguntas: “¿Tú crees que te maltratan? O ¿te sientes maltratada” la respuesta más común es no, pero en cambio es muy fácil cuando les preguntas: “¿Tú te sientes bien querida? ¿Sientes que te quieren bien? ¿te quieren como te mereces?” Eso sí que lo puedes reconocer, para así transformar. Las personas queremos estar bien y nos tienen que facilitar el sentimiento de merecer. El trabajo desde esa maravillosa capacidad de sentirnos agentes de nuestra propia vida.​

MAIME:La educación sexual que se centra en la explicación biológica es completamente deficiente, por todo lo que ya venimos conversando. ¿Cuál es el aporte del feminismo a la construcción de la Educación sexual?

Lurdes: Lo primero que hay que entender es que la educación sexual no es válida cuando se invisibilizan determinadas realidades como la diversidad sexual, o sólo se nombra la heterosexualidad o no se va a hablar de las relaciones de buen trato, del empoderamiento y del agenciamiento de la sexualidad. Eso no es educación sexual sino más bien parches. No se puede simplificar la sexualidad a lo biológico, aunque tengamos una fisiología increíble, no podemos reducirnos a ella.

Lo que propone la sexualidad feminista es plantear la sexualidad como una construcción, no como algo simplemente biológico e innato. El feminismo en la educación sexual permite tomar consciencia de que la vivencia del cuerpo es algo atravesado por el patriarcado y algo que nos pasa a todas y desde ahí compartirlo desde ese común, pero además nos permite el reconocimiento de nuestra singularidad como algo legítimo e irrenunciable. El feminismo denuncia las relaciones de poder y anuncia las múltiples maneras de vivirse y sentirse desde una misma sin patologías ni miedos, sino desde el derecho a ser. Una educación sexual feminista pone el acento en lo cualitativo frente a lo cuantitativo, nos conecta con el gusto a disfrutarnos como sintamos, desde nosotras hacia el mundo, legitima los deseos y es liberadora, divertida y alegre, juega con la idea de común y diferente, nos da conciencia y conocimiento para acogernos y sobre todo, nos aporta el sentirnos bien queridas y luchar por ello. La sexualidad feminista es situarnos en que los placeres son cuidados y es salud. Permite desmontar aquello que se ha interiorizarlo, para cuestionarlo y así construirnos sujetos sexuados libres.

​MAIME: Nos gustaría pensar que en este momento actual, con el auge que el feminismo está teniendo entre las adolescentes, una educación sexual feminista sería cada vez más posible ¿Cómo la visualizas?

Lurdes: Una educación sexual feminista fomenta la horizontalidad, y simultáneamente potencia las singularidades y las diversidades. Enuncia, nombra y visibiliza. Contextualiza la sexualidad desde la influencia de las normas y aporta las herramientas para romper con ellas, cuestionando y desmontado, para luego construir para transformarnos sin patrones fijos, sino desde la fluidez. La educación sexual feminista rompe con el imaginario colectivo y es anticapitalista, antirracista, antipatriarcal, antiedadista, etc. En general, tiene presente la interseccionalidad en los cuerpos. Considera la sexualidad desde lo político, reinvindicativo y de transformación. Permite entender nuestros procesos sin juicios, sino desde el acogimiento. La sexología feminista no problematiza, patologiza ni clasifica, sino que sitúa, brinda un conocimiento amplio y legitima aquello que somos. Y genera espacios de seguridad y cuidado donde compartir y expresarnos

La entrevista va concluyendo y mis inquietudes tienen respuestas, aunque sigue ahí el ronroneo de “Aún queda mucho por hacer”. Parece lento pero no tanto, decía Lurdes. Parece pero aquí estamos, seguimos, desmontando tabúes en torno a la sexualidad.