Lurdes Orellana.
Psicóloga-Sexóloga de Desmontando a la Pili

Interesante noticia:
Hace días la colgamos en el facebook y hemos visto cómo ha generado un gran debate. Como siempre, enriquecedor y constructivos. Por ello, la reapropiación del título del libro de Judith Butler para nombra este texto.
La noticia en sí, como suele ocurrir no sólo con estos temas, tiene cierto grado de tendenciosidad y confunde términos. Sin embargo, no deja de ser una situación de rica confrontación discursiva la cual puede aportar ideas más flexibles de las existentes sobre los modos de socialización.
Y nos abre la puerta a un debate: la crianza en base al género.
Parece que, los seres humanos, estamos mediatizados por las categorías de sexo-género a la hora de relacionarnos con las/os bebés. Lo que viene a significar que, nuestros modos de relación están influidos por nuestras propias categorías de género.
Ya como estudiante en la Universidad, aunque intento buscar la referencia sin fruto en ello, leí un estudio muy interesante sobre los estilos de comportamiento de personas adultas con bebés.
El estudio, y apostillo que sigo en la búsqueda del mismo —por si alguien me pudiese dar algún tipo de información—, planteaba unas situaciones donde personas adultas tenían que relacionarse con una serie de bebés que aparentemente no marcaban ninguna características de género aunque sí se les informaba de si eran niño o niña. Lo que el experimento arrojó fue el hecho de que realmente las personas cambiábamos nuestros básicos modos de interacción guiándonos por la información recibida en cuanto al sexo de las criaturas. Por lo que resulta curioso comprobar cómo cambiaba la manera de relación dependiendo de con que género de bebés creyeran estar interaccionando: el tono de voz, el tipo de palabras utilizadas hasta el modo de sujetarles… Por lo que también quedó demostrado como desde ya tan temprana edad las/os bebés reciben una información distinta determinada por cuestiones socio-culturales.
Cuestiones que siguen enmarcadas en ese binarismo y que transmitimos de un modo más o menos explícitos. De esa manera, perpetuamos la interiorización de un modelo sexista que interfiere en el desarrollo de las identidades.
Desde Desmontando a la Pili no queremos entrar a valorar, en sí, la decisión de esta pareja. Nos interesa poner de manifiesto aspectos relevantes que nos surgen ante la noticia y sus posibles comentarios posteriores. Nos hacemos muchas preguntas como, ¿hasta qué punto no es facilitar el desarrollo de las criaturas sin la mediación de unos patrones estereotipados de lo que se consideran los géneros? o ¿hasta qué punto todas las personas adultas influimos en el desarrollo tanto si marcamos unas categorías como si no?, ¿nos sentimos incómodas/os sin estas categorías a la hora de socializarnos?, ¿son necesarios ciertos esquemas a la hora de construir las identidades?, ¿se facilitaría el desarrollo personal de las futuras generaciones si evitásemos o flexibilizásemos categorías rígidas sobre el comportamiento y el estar en el mundo?. Éstas y otras preguntas nos vienen a la cabeza.
El género es una construcción social y cultural basada en unos parámetros esterotipados que interfieren en nuestros desarrollos. En concreto, tanto el sexo como el género, están sujetos a un modelo binarista que divide a los seres humanos en dos categorías rígidas y excluyentes, hombre y mujer.
Aún así, partimos de la teoría de que la socialización es un modo de transmisión de una cultura —con todo lo que ello supone—. Desde dicha afirmación no podemos más que creer que la flexibilidad de los modelos, esquemas o constructos ampliará las posibilidades de elección, y por tanto, de autonomía.
Terminamos insistiendo en la necesidad de conocer este caso, y otros, de un modo más fiable. Mientras, continuamos en el cuestionamiento constante de todo como herramienta para un mayor bienestar.