Artículo publicado por nuestra querida Sylvia de Béjar en su blog el 29/10/14: Esto ya pasa de castaño oscuro. Llevo un tiempo siguiendo la cuestión y no logran pasar doce meses sin que los medios de comunicación se hagan eco de un estudio (muchos de pacotilla) que pontifica sobre los genitales y/o los orgasmos femeninos. Esta vez los titulares se los han llevado unos investigadores italianos (estoy conteniéndome para no calificar a estos genios). ¿Qué dicen? Pues que el punto G es un invento, que el clítoris interno no existe y que lo nuestro, ¡lo nuestro!, debería llamarse pene femenino. Por ningunear a las mujeres, ¡qué no quede! Pues bien, estoy hasta las narices de tanta intromisión en mi genitalidad. ¡Todas las mujeres deberíamos estarlo!

Me dirijo, primero, a nosotras. (A los hombres, pedirles paciencia -lean lo que sigue poniéndose en nuestra piel- y,  luego, si les parece, atiendan a mi ruego final.)

Señoras, digamos basta. Neguémonos a leer, escuchar o hacer caso de todo aquello que no venga a mejorar nuestro sexo. O suma (a favor de nuestro placer y nuestra tranquilidad) ¡o ni caso!

No nos dejemos arrastrar por científicos que, en ocasiones, solo buscan fama y pasta*, porque si no acabaremos creyendo que estamos mal, que no funcionamos, que nuestros genitales son raros (o no tan buenos como los de ellos) y que nuestros orgasmos no son como tienen que ser, porque no se ajustan a lo que nos dicen tan sabias testas (curiosamente, suelen decírnoslo hombres, ¡manda bemoles!)**

Chicas, atendamos SOLO a nuestro cuerpo, escuchémosle solo a él. Juguemos con él, mimémoslo, toquémoslo y dejémonoslo tocar en busca de placeres que nos abran a todo tipo de sensaciones y, a ser posible, nuevos descubrimientos. Sin compararnos con nada ni nadie, sin juzgarnos y viviendo y aceptando lo que es en cada momento. (Si en su momento no leíste mi artículo “Otra forma de compartirse” te animo a hacerlo.)

No importa cómo nombréis a vuestros genitales u órganos del placer o de dónde obtengáis vuestros goces, lo que importa es lo que sentís. Clítoris, punto G, cul de sac, orgasmos clitorianos, vaginales, uterinos… ¡A tomar por el saco! Es triste que caigamos en estos baremos, estas jerarquías orgásmicas, estas cuestiones tan infantiles. (Si no lo escribo, reviento: pocas cosas me sulfuran más que toparme con mujeres emperradas en demostrar a sus congéneres que ellas sienten de libro, que tienen orgasmos solo con la penetración o que lo suyo es mejor que lo de las demás = versión femenina dela mía es más larga que la tuya. Pocas, pero haberlas haylas… ¡y me las suelo encontrar! Patéticas.)

Dicho esto, recordar que si algo nos preocupa o sentimos desconexión respecto a nuestro propio cuerpo (y eso lo decidimos nosotras, ¡nadie más!), entonces sí es bueno buscar ayuda, consejo, guía, pero de alguien que nos escuche de verdad y que nos entienda.

Y, para acabar, mi ruego a los señores: preguntarnos, acompañarnos, proponernos juegos para descubrir las sutilezas de nuestro sexo, pero nunca nos digáis cómo o dónde hemos de sentir. Son nuestros genitales, nuestros orgasmos, nuestro cuerpo, nuestra vida. (Al respecto, me viene a la mente la historia de sir Gawain y lady Ragnelle: él logro romper el hechizo que la condenaba a ser horriblemente fea, gracias a que fue capaz de dejarla decidir por si misma cuándo ser hermosa. Si no conoces la leyenda, lo que acabas de leer quizás te parezca incoherente: sal de dudas buscándola en Internet.)

* Publican en revistas cientificas (lo que sea, pero publicar) para ser reconocidos y avanzar en su carrera, y si su nombre sale en los medios de comunicación masivos tienen más puntos para que los laboratorios les quieran contratar para participar en una investigación o para promocionar sus productos. Por un lado, porque si son famosos, los periodistas les escuchan y se hacen eco de la investigación/el producto, y, por otro, porque la gente los cree, porque salen en los medios. Un pez que se muerde la cola y un buen negocio.

**En esta caso, por desgracia, una mujer partícipa en el desaguisado, porque el equipo italiano está formado por un padre y su hija, Vincenzo y Giulia Puppo. Todo queda en familia.