Ya sabemos que cuando empiezan los fríos empiezan también los resfríos, y este año es aún más importante si cabe cuidarse y mantener las defensas bien altas contra los bichos que andan por ahí sueltos. Sin pretender daros ninguna clase de medicina desde aquí, sí queremos recordaros que eso de enfermarse no depende sólo de los «atacantes», ya sean virus, bacterias o lo que sea, sino también de las defensas de nuestro organismo para frenar dichos ataques. Y como las defensas son algo complejo y que se puede reforzar de muchas y muy variadas maneras, os sugerimos aquí algunas ideas desde el bienestar y el placer, que es lo nuestro.

Las fantasías eróticas son buenas aliadas del deseo, son gratuitas y te las puedas llevar a todas partes. Vamos, ¡que tienen muchísimas ventajas! Te invitamos a cultivar tu imaginación en ese sentido, y disfrutar de las fantasías que más te gusten. Investiga, desarrolla tus historias, incorpora nuevos elementos, compártelas si te apetece o guárdalas muy en secreto para ti… El mundo de las fantasías es infinito y lleno de posibilidades.

Los orgasmos – y el bienestar sexual, en general – aumentan las defensas. No es que lo digamos nosotras, es que está científicamente demostrado. No entraremos a explicar el mecanismo, pero si os interesa podéis investigar: ¡es apasionante! Así que ya sabes: ¡a orgasmar se ha dicho! La manera en la que consigas esos orgasmos no importa, la cuestión es darte ese regalo para el cuerpo y mente.

Un buen descanso es fundamental para mantenerse con salud, y hay que darle el lugar que se merece. Ponle límites a esos ladrones del sueño que acechan por todas partes (series infinitas, redes sociales, bebidas excitantes a ciertas horas, etc.) y tómate en serio la idea de dormir o descansar lo que necesites. Sabemos que no siempre es posible hacerlo como nos gustaría, pero también sabemos que a menudo sí que sería posible descansar un poco más, si nos lo proponemos y lo priorizamos por delante de otras cosas que nos aportan mucho menos. Practicar alguna técnica de relajación o respiración pueden ser de ayuda en ese sentido.

Querer y sentirse querida es indispensable. En estos tiempos de distancia social y cierto aislamiento puede costarnos mantener las redes de afectos, hay quien siente que la soledad le acecha más de cerca, el miedo hace renunciar a algunos contactos y encuentros… Pero debemos ser capaces de cultivar los afectos como merecen, cuidando a la gente que nos rodea e importa, y dejándonos cuidar y sostener. Si algo está quedando ahora más patente que nunca, es que todas las personas somos seres vulnerables e interdependientes, y que los afectos, en cualquiera de sus formas, son indispensables. Dedícale cada día un momento a tus afectos, de la manera que se te ocurra. Ponle cariño e imaginación, seguro que salen ideas hermosas, y una vez que empieces verás que la cosa se retroalimenta y se multiplica fácilmente.

A todo el mundo le gustan los regalos. Puedes tener un detalle con esa persona en la que piensas a menudo con cariño aunque ella no lo sepa, o con alguien a quien ves todos los días pero sin que vuestra relación traspase los límites de la formalidad, o a quien se te ocurra. Cuenta más el hecho de que pienses en esa persona y le dediques esa energía, que el regalo en sí mismo. También puedes hacerte un regalo a ti misma, porque sí y con todo el cariño del mundo. No hablamos de consumir compulsivamente o sin cabeza, sino más bien de que a la hora de cuidar y regalar, no te olvides de que tú también puedes aparecer en la lista.

Pon atención al cuidado de tu cuerpo. Come bien, hidrátate adecuadamente, observa y escucha a tu cuerpo y haz caso a sus mensajes, mantén tu cuerpo activo con algún deporte, bailando o con lo que mejor te siente, entiende y respeta tus ciclos, pon atención a lo que tus emociones te indican, etc. El cuerpo y la mente mantienen un equilibrio delicado, y es importante atender a ambos para que no se rompa por un lado o por otro.

Y todo lo que necesites. Tú mejor que nadie puedes saber qué es lo que necesitas. Aunque a veces nos cuesta ponernos en un primer plano y ponerle nombre o reconocer nuestras propias necesidades. Prueba a no olvidarte de ti misma y poner los medios a tu alcance para que esas necesidades sean satisfechas en la medida de lo posible. El primer paso será dedicarle unos pensamientos a estos, y a partir de ahí ya puedes ponerte manos a la obra.