¿Micromachismos? No, violencias

Artículo publicado el 9 de marzo de 2016 en El Periódico de Aragón.
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«¿Por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo?». Estamos en una sociedad opresora, que juega con las palabras para construir nuestros imaginarios y ejercer control en las maneras de ser y de relacionarnos. Una sociedad que teme el uso de la palabra sexo –cuando hablamos de erótica– y prefiere el término amor, es una sociedad que no quiere fomentar personas libres y autónomas. Lo mismo ocurre con el uso del prefijo micro. Hoy queremos desmontar los micromachismos ¿la razón? Por la simple e importante motivación de que urge hablar de ello, día tras día, sin esperar a una fecha clave que visibilice un problema que nos incumbe a todas las personas.

El término mi307534_431562196910946_1256314794_ncromachismo desvirtualiza su importancia e influencia. Lo micro no parece tan dañino ni molesto, como si apenas impactara en las personas y en las relaciones. Cuando la sociedad habla de micromachismo, está transmitiendo un mensaje claro: «no seas exagerada ni histérica que no es para tanto». El prefijo micro deslegitima el derecho al sentimiento de violencia o maltrato y, por consiguiente, a quejarnos y responder. El uso de conceptos como microviolencias machistas nos vuelve a victimar, dejándonos en un lugar de vulnerabilidad.

El machismo no es un ente sin forma que se mueve por el mundo. El machismo está presente en las personas, en su comunicación verbal y no verbal. Es un amplio abanico de actitudes, comportamientos, pensamientos, sensaciones, modos de relación, etc., que mantiene el binarismo de género. Es la cara explícita del patriarcado.

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Los machismos son una matriz de actitudes sexistas. Actitudes más o menos explícitas, que se realizan en base al sexo y que colocan a unos cuerpos en un lugar privilegiado (hombre–masculino) y a otros cuerpos en un lugar de opresión (mujer–femenino). Actitudes que en cualquiera de sus formas son agresivas porque nos oprimen y violentan.

Desde el piropo a la patada, desde los chistes sexistas a los baboseos, desde el paternalismo hasta el victimismo, desde los frotamientos en el autobús hasta los asesinatos, todas estas cosas son violencias machistas, todas nos agreden porque invaden nuestro espacio íntimo, nuestros cuerpos y nuestras vidas. Nos afectan porque nos dañan física, psicológica o socialmente.

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Por ello, nos preguntamos desde los feminismos: «¿Por qué llamarle micromachismos cuando son machismos?». Cualquier actitud sexista más o menos explícita, más o menos sutil, es violenta en tanto que mantiene un sistema de relaciones opresivas, verticales y de desigualdad.

Las múltiples actitudes sexistas son machismos y punto. El cuidado del lenguaje es uno de los primeros pasos para trabajar hacia las relaciones de buen trato y la eliminación del binarismo de género así como para fomentar el agenciamiento de las personas.

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