«Desmontando a la Pili no es un sex shop. Un sex shop te ofrece sexo. Desmontando a la Pili te da, en cambio, la oportunidad de replantearte qué es el sexo y, más importante todavía, cómo quieres que sea».

Por encima de la caligrafía escolar a través de la que se desenrolla la en apariencia sencilla y clara aserción «Ceci n’est pas un sex shop» flota un collage de dildos, arneses, plugs anales, esposas y bolas chinas, objetos todos ellos que, encontrados en un ensamblaje que imita a una pipa, no sería extraño asociar precisamente a un sex shop. El conjunto se inspira en el famoso cuadro pintado en 1929 por René Magritte y titulado La Trahison des images. En éste último aparece pintada una pipa bajo la cual se lee «Ceci n’est pas une pipe».

La obra del reconocido pintor surrealista (y falsificador de arte en la clandestinidad) produce una extraña perturbación en quien la contempla. ¿Cómo funciona, cómo hace el cuadro para producir en la espectadora o el espectador esa rara sensación que podemos caracterizar como una sensación física? Aunque Magritte dijese en algún momento aquello de que, efectivamente, su obra no se puede fumar y, por tanto, no es una pipa; sin embargo, la espectadora o el espectador sabe muy bien que hay algo más en el cuadro además de la obvia indicación de que estamos ante la representación de un objeto y no ante el objeto mismo. Sin dilatarnos en la descripción de qué es eso otro que el cuadro transporta, una cosa al menos sí es clara: el encuentro entre laimagen de la pipa y el enunciado «Esto no es una pipa» desestabiliza nuestra comprensión de qué son las cosas y de qué relación guardan con las palabras.

En ese sentido, el cuadro de Magritte funciona como una máquina de desguace que nos obliga a replantearnos una y otra vez nuestra relación con lo que vemos y con el lenguaje que dice designar lo que vemos. Desarolla, así, una labor muy semejante a la que hace Desmontando a la Pili: al trabajo de deconstrucción de los prejuicios asumidos y los significados socialmente impuestos. Desmontando a la Pili no es un sex shop. Un sex shop te ofrece sexo. Desmontando a la Pili te da, en cambio, la oportunidad de replantearte qué es el sexo y, más importante todavía, cómo quieres que sea.

Pablo Lópiz Cantó para Desmontando a la Pili

Diseño: Aurora Verón