Relato de la agresión machista que protagonizó el grupo Los Kojones de Kantoinkao durante un concierto en la Sala Roxy (Zaragoza) con motivo de las Fiestas del Pilar 2014:

(Es un relato escrito en primera persona puesto que me siento parte afectada directamente, tanto como mujer como por ser una de las partes protagonistas)

El pasado 10 de octubre nos juntamos con unas amigas con intención de disfrutar de uno de los conciertos programados para las Fiestas del Pilar. Se trataba de la actuación de Los Kojones de Kantoinkao, un grupo homenaje a Kojón Prieto y los Huajalotes.

Las primeras canciones sonaron a la perfección, la sala estaba llena y el ambiente era inmejorable. Era una gozada escuchar los temas de Kojón Prieto casi como si fueran ellos mismos los que estuvieran en el escenario. Pero la alegría y la juerga duraron poco. Al cabo de unos pocos minutos, el cantante del grupo comenzó a decir cosas como “Que se note donde están los cojones de Aragón”, “Que se vea que tenemos cojones” y frases por el estilo. Yo al oír estos exabruptos me fui al baño y escribí sobre un papel “Yo no tengo cojones pero también molo. Vivan mis ovarios”. A la siguiente vez que este personaje soltó otra de sus perlas, elevé el cartel para que lo leyera el grupo y el resto del público. Su comentario no se hizo esperar y cogiendo el micro dijo “Ya hay por aquí una feminista”. Hice oídos sordos al tono de ese comentario y traté de seguir disfrutando del concierto.

En un momento dado subió al escenario una chica a la que le iban a regalar una camiseta del grupo (desconozco las razones). Desde el escenario se le animó a que se la probara, cosa que la chica comenzó a hacer sin quitarse la ropa que llevaba puesta. En ese momento el cantante comenzó a cantar por el micro “Que se desnude, que se desnude”, para luego gritar con mucha más fuerza “Enséñanos las tetas, enséñanos las tetas”. Yo no iba a soportar eso sin decir nada y empecé a gritarle “Machirulo, machirulo”. Realmente estaba alucinando de que alguien sobre un escenario y micrófono en mano, fuera capaz de gritar eso. Y más increíble me parecía que al resto del sala le pereciera normal, por lo que me giré (estaba en las primeras filas) esperando encontrarme a más gente haciendo lo mismo que yo. Pero estaba completamente equivocada, nadie gritaba nada, más bien al contrario, de repente me vi rodeada de miradas de sorpresa y de desagrado, como si estuviera chalada. Y en ese momento el cantante del grupo reaccionó, se creció y comenzó a gritarme desde le escenario.

Mentiría si escribiera lo que me dijo, realmente no lo sé, no tengo ni idea. En ese momento mi tiempo se paró y mi mente se bloqueó. Me veía sola, rodeada de extraños, y con una tío gritándome y señalándome con el dedo desde lo alto de une escenario.

Vi como uno de los guitarristas apartaba al energúmeno del borde del escenario y se lo llevaba hacia atrás, y el concierto continuó. Yo salí de mi aturdimiento y me fui de la sala.

Releyendo este relato sigo alucinando, flipando, frotándome los ojos, sin sangre en a pocha… de seguir comprobando cómo este machismo recalcitrante sigue entre nosotras, entre nuestros círculos, cómo se siente tan cómodo como para hacer alardes de semejante manera. Y no sólo eso, si no que además le salen gratis. Porque nadie dijo nada de esas primeras frases que retrataban al cantante del grupo, porque nadie dijo nada cuando hizo ese comentario burdo sobre las feministas, porque nadie dijo nada cuando estaban azuzando a la chica del escenario y porque nadie dijo nada cuando a mi se me atacó públicamente.

Espero que esta gentuza tome nota y que, aunque aparentemente todo siguió como si nada, al menos se le atragantara el concierto. Que aunque sea por pura vergüenza de no verse en otra se lo piensen dos veces antes de volver a hacer ese tipo de comentarios. Y por supuesto que no se les de cabida en ningún círculo cercano.

Y espero que la próxima vez que detectemos este tipo agresiones (sean tan evidentes o menos) sepamos reaccionar y, seamos las primeras o las segundas, todas hagamos algo.

Pero sobretodo espero no tener que volver a verme en una así de desagradable, aunque todo me dice que este sólo es un capítulo más en este largo libro de la lucha contra el machismo.

Eso sí, una cosa tengo clara: ¡No podrán con nosotras!

Prou d’agresions sexistas!

Prou d’agressions sexistes!

Agresiones sexistas no!

Fdo.: Tamara Marzo Rins

16/10/2014 www.puyalon.org